Los estados planetarios y la evolución cósmica




 

1. INTRODUCCIÓN A “COSMOLOGÍA Y EVOLUCIÓN DE LA HUMANIDAD”

1. El ser humano individual evoluciona. La humanidad evoluciona. El planeta evoluciona. El sistema solar evoluciona. Las jerarquías espirituales (creadores y mantenedores de la existencia) evolucionan. El ser humano pasa de ser “criatura” a ser “co-creador” y a medida que madura toma responsabilidades creadoras y mantenedoras.

2. El actual sistema solar es el cuarto estado de un ciclo de siete etapas llamados “estados planetarios”: Antiguo Saturno, Antiguo Sol, Antigua Luna, la Tierra actual, y Futuros Júpiter, Venus y Vulcano.

3. La biografía humana a través de los septenios es una versión micro cósmica de este ciclo macro cósmico de nuestra tierra y sistema solar. El primer estado planetario de nuestro sistema solar, Antiguo Saturno que duró millones de años, encuentra su correspondencia en la edad de 0-7 años en la biografía humana terrestre. Es decir que se conforma la corporalidad física Y así sucesivamente con los siguientes estados planetarios y los septenios de la biografía.

4. En su origen, es decir en el estado de Antiguo Saturno, todos los actuales planetas (incluyendo el Sol, la Tierra y la Luna) estaban unidos en un solo gran astro, cuya naturaleza era anímico-espiritual y lo más denso que llegó a existir físicamente en él era el estado de Calor.

5. En ese gran “astro” convivían múltiples seres espirituales que se diferenciaban por encontrarse en distintas etapas evolutivas y, por ende, de desarrollo. También se diferenciaban en su ritmo o velocidad de avance. Cada cual tenía su ritmo.

4. El ser humano siempre estuvo presente en diferentes estados evolutivos.

5. Gradualmente, en los sucesivos estados planetarios se fueron separando todos los planetas del sistema solar a fin de proporcionar condiciones y entornos apropiados para la evolución de los diversos seres.

6. El Zodiaco que rodea a nuestro sistema solar crea y preexiste a la existencia física de los estados evolutivos planetarios.

7. Cada estado planetario nace a partir de un estado espiritual, luego se materializa gradualmente y, por último, se espiritualiza nuevamente. De esta manera va evolucionando. Es como la reencarnación del hombre: proviene de un estado espiritual, encarna en la tierra y luego regresa al estado espiritual donde maduran las semillas de su existencia previa. Cuando vuelve a nacer trae consigo estos frutos a la nueva vida.

 

 

 

TEOSOFÍA DEL ROSACRUZ – Extracto de la CONFERENCIA VIII – GA 99


Los siete estados de la consciencia planetaria del ser humano

 

8.1     Contemplaremos ahora, una después de otra, las distintas incorporaciones de nuestro planeta. Para ello es preciso formarnos la idea de que se trata de incorporaciones de nuestro mismo planeta Tierra... También tenemos que imaginarnos que dichas incorporaciones fueron necesarias para el desarrollo de los seres, especialmente del hombre, es decir que la evolución del hombre mismo se relaciona íntimamente con la de la Tierra.   ... Al respecto, contemplaremos en primer lugar los cambios que en el ser humano se han producido en lo referente a sus estados de consciencia. Absolutamente todo en el mundo se ha desarrollado. Nuestra consciencia también se ha desarrollado. La consciencia que el hombre tiene ahora no la ha tenido siempre, sino que la misma se ha formado paso a paso hasta su estado actual.

8.2     Nuestra consciencia del presente la llamamos la consciencia de los objetos (o bien, objetiva) la consciencia despierta, diurna. La conocemos como el estado que nos es propio, desde el despertar a la mañana hasta el dormirse de noche. Tengamos presente en qué consiste. Se caracteriza por el hecho de que el hombre orienta sus sentidos hacia el mundo exterior, donde percibe objetos; por esta razón la llamamos consciencia objetiva. El hombre dirige la mirada hacia el mundo circundante, y con sus ojos percibe los objetos en el espacio y sus colores. Mediante el oído se percata de que en el espacio hay objetos que suenan, que propagan sonidos. Mediante su sentido del tacto toca los objetos y los siente calientes o fríos, percibe el olor o el sabor de los objetos. También reflexiona sobre lo que percibe por medio de los sentidos; emplea su razón a fin de comprender la naturaleza de los objetos; y la consciencia diurna que el hombre tiene en el presente se compone de los hechos de las percepciones sensorias y de la comprensión de las mismas mediante el intelecto. El hombre no siempre ha tenido esta consciencia, sino que la misma se ha desarrollado; tampoco seguirá teniéndola para siempre, puesto que ella se elevará a estados de consciencia superior.

8.3     Los medios que nos da el ocultismo nos permiten, por de pronto, discernir siete estados de consciencia, de los cuales el de ahora está situado en el medio. Podemos discernir tres estados anteriores y tres del futuro. Puede parecer extraño el que nosotros nos encontremos justamente en el medio. Esto se debe a que al primer estado preceden otros los que se substraen a nuestra mirada, al séptimo siguen otros que lo mismo se substraen a nuestra contemplación. Dicho de otro modo: miramos hacia atrás tanto como hacia el porvenir. Si nos encontrásemos en un estado más atrás, nuestra vista abarcaría un estado más del pasado y otro menos del futuro, al igual que, estando en la campiña, la vista alcanza a la izquierda tanto como a la derecha.

8.4     Los siete estados de consciencia son los que siguen. PRIMERO existe un estado de consciencia opaca de un grado muy bajo, un estado que el ser humano del presente casi ya no conoce. Únicamente personas de disposición mediumnística pueden todavía tenerlo; es el estado de consciencia que en la primera fase de nuestra evolución planetaria, llamada Antiguo Saturno, tenían todos los seres humanos. La consciencia de las personas de disposición mediumnística la consciencia diurna de vigilia e incluso otros estados de consciencia están como profundamente dormidos. Pero cuando, desde el recuerdo o también durante dicho estado, dibujan o relatan lo experimentado, reproducen experiencias que no aparecen a nuestro derredor. Hacen toda clase de dibujos que, si bien son imprecisos, no obstante concuerdan con lo que en la ciencia espiritual caracteriza como estados cósmicos previos. Muchas veces son dibujos que a pesar de no ser totalmente correctos, sin embargo tienen algo que permite verificar que durante aquel estado aletargado dichos seres tienen una consciencia opaca, pero universal. Perciben cuerpos cósmicos y por lo tanto los dibujan.

8.5     En la primera incorporación de nuestra Tierra el ser humano tenía semejante consciencia opaca, la que, no obstante, representa una consciencia abarcativa de nuestro cosmos. A esta consciencia se le llama trance profundo. En nuestro mundo circundante existen seres que todavía ahora poseen tal consciencia; me refiero a los minerales. Si pudiésemos hablar con ellos, nos comunicarían del estado del Antiguo Saturno.

8.6     El SEGUNDO estado de consciencia bien conocido por nosotros, o más bien no conocemos, pues al tenerlo dormimos, es el del sueño profundo común. Esta consciencia no es tan amplia, pero a pesar de que todavía es opaca, ya es más clara, si la comparamos con el primer estado. Esta consciencia del sueño profundo la tenían todos los seres humanos permanentemente, en el período en que la Tierra pasaba por su segunda etapa evolutiva llamada Antiguo Sol, durante el cual el precursor del hombre terrestre dormía constantemente. Este estado de consciencia existe también en el presente: lo tienen los vegetales; éstos son seres que duermen incesantemente; y si ellos pudiesen hablar, podrían describirnos el antiguo estado solar, puesto que poseen, aún hoy, dicho grado de consciencia Antiguo-Solar.

8.7     El TERCER estado que en comparación con nuestra consciencia diurna todavía es vago y opaco, es aquel de la consciencia de imágenes o pictórica, y de ella ya tenemos un concepto bien claro, porque en el sueño lleno de ensueños experimentamos una reminiscencia, si bien únicamente rudimentaria, de lo que en la etapa de la Antigua Luna era la consciencia de todos los seres humanos. Será lo más indicado partir del ensueño, para obtener una idea de la consciencia Antigua-lunar.

8.8     En los ensueños se nos presenta, por cierto, algo confuso, caótico, sin embargo, observándolo más exactamente, lo caótico evidencia una íntima regularidad. El ensueño es un extraño simbolista. En otras conferencias frecuentemente he dado los siguientes ejemplos, tomados de la vida: Se sueña querer agarrar una rana y se siente su cuerpo resbaladizo, y al despertarse se nota tener en la mano la punta de la sábana. Con la consciencia despierta se hubiera percibido que la mano agarra la punta de la sábana, en cambio, la consciencia del ensueño nos da el símbolo de la acción exterior mediante lo que la consciencia diurna percibe como un hecho con los sentidos.

8.9     Otro ejemplo: un estudiante sueña encontrarse en el aula ante la puerta. Otro le atropella, y de este acto resulta un desafío. En el ensueño vive todos los pormenores hasta el instante en que durante el duelo se descerraja un tiro. En el mismo instante despierta y se da cuenta de haber volcado la silla al lado de la cama. En la consciencia despierta hubiera oído el choque de la silla; el ensueño simboliza este hecho prosaico mediante lo dramático del duelo. También el factor tiempo es muy distinto, pues en el mismo instante en que caía la silla se le apareció en la cabeza todo el drama. Todo lo preparatorio apareció en un instante; el ensueño corrió el tiempo hacia atrás, pues no obedece a las condiciones del mundo, antes bien, es un engendrador de tiempo.

8.10   No solamente acontecimientos exteriores pueden aparecer simbolizados, sino también sucesos internos del cuerpo humano. Por ejemplo, uno sueña encontrarse en un sótano obscuro, donde feas arañas le amenazan. Se despierta y siente dolor de cabeza. La cubierta del cráneo se ha convertido en el símbolo del sótano obscuro, y el dolor en símbolo de las arañas feas.

8.11   El ensueño del hombre de nuestro tiempo simboliza sucesos que tienen lugar en el interior humano como asimismo afuera. No fue así cuando el ser humano del período antiguo-lunar desarrollaba este tercer estado de consciencia, sino que entonces él vivía plenamente con imágenes similares a las del ensueño de ahora, pero las mismas expresaban realidades. Significaban una realidad exactamente como para nosotros el color azul significa una realidad, sólo que en aquel período el color se cernía libremente en el espacio, y no fijado en los objetos. Con la consciencia de entonces el hombre no hubiera podido salir a la calle como ahora, ni ver a otro hombre, o acercarse a él, puesto que no existían formas de seres de color en la superficie, ni tampoco podía el hombre caminar como lo hacemos ahora. Pero supongamos que en la Luna un hombre efectivamente se haya encontrado con otro; en tal caso se le hubiera presentado, libremente suspendida, una imagen de cierta forma y colores, digamos, una imagen fea, en cuyo caso el hombre se hubiera dirigido a un lado, para no encontrarse con ella, o bien, una imagen hermosa, a la que se hubiera acercado. La imagen fea le hubiera indicado que el otro tiene un sentimiento de antipatía contra él; la hermosa, que el otro le ama.

8.12   Supongamos que en la Antigua Luna haya existido sal común. Cuando en nuestro tiempo hay sal en la mesa, se la percibe tal como está como objeto en el espacio, granulada, de un color determinado. Así no se la hubiera visto en la Antigua Luna, pero sí, libremente suspendida se hubiera alzado, desde el lugar de hallarse la sal, una forma, lo imagen de una forma, y esta imagen hubiera expresado que la sal es algo útil. De tal manera la consciencia humana estaba colmada de imágenes con formas y colores, pero estas imágenes expresaban lo que en derredor del hombre sucedía, principalmente los aspectos anímicos y lo relacionado con lo anímico, quiere decir, lo que le era benéfico o dañoso. Esto le permitía al hombre orientarse de la justa manera acerca de lo que existía a su derredor.

8.13   Al incorporarse en la Tierra lo que había sido la Luna, la consciencia humana iba transformándose en nuestra consciencia diurna del presente, y sólo un remanente de aquella existe en el ensueño del hombre del presente, un rudimento similar a rudimentos de otras configuraciones. Sabemos, por ejemplo, que próximos al oído existen ciertos músculos los que ahora nos parecen inútiles. En el pasado tenían un sentido concreto: servían para poder mover las orejas a voluntad. En el presente hay muy pocas personas capaces .de hacerlo.

8.14   Esto nos dice que también en el ser humano hay estados que son últimos remanentes de una organización que en el pasado remoto había sido útil; y aunque hoy ya no tienen importancia, esas imágenes representaban entonces el mundo exterior. Hasta en nuestro tiempo existe tal consciencia -¡fíjense bien en este aspecto!- en todos aquellos animales que no son capaces de producir un sonido desde su ser interior. Es que en la ciencia esotérica tenemos una clasificación de los animales mucho más correcta que la de las ciencias naturales exteriores, a saber: en animales sin sonido en su interior, y aquellos que son capaces de producir sonidos desde su interior. Es cierto que existen algunos animales inferiores que producen un sonido, pero en forma mecánica, por rozamiento o algo parecido, no desde su interior; e incluso las ranas no producen el sonido por su ser interior. Sólo los animales superiores, los que se generaron cuando a través del sonido el ser humano podía expresar su dolor y su alegría, sólo ellos, juntamente con los humanos, adquirieron la posibilidad de expresar su dolor y su placer mediante sonidos y bramidos. Todos los animales que no producen sonidos desde su interior todavía tienen la referida consciencia en imagen. Pero no sucede que animales inferiores perciban las imágenes con contornos precisos como nosotros las vemos. Cuando un animal inferior, como por ejemplo el cangrejo, percibe una imagen que le causa una determinada sensación se hace a un lado. No ve los objetos, pero se le presenta lo perjudicial por medio de una imagen repulsiva.

8.15   El cuarto estado de consciencia (objetiva) es aquel de todos los seres humanos del presente. Las imágenes que antes el hombre había percibido con sus colores libremente suspendidos en el espacio, ahora, en cierto modo, envuelven los objetos, los cubren, y así determinan los límites y bordes de los objetos. Aparecen fijados a estos últimos, mientras que antes se las veían libremente suspendidas, y debido a ello se han convertido en la expresión de la forma. Lo que antes el hombre tenía en sí, (como vivencia del color) se ha trasladado afuera y se ha fijado a los objetos. Esto le ha dado al ser humano su consciencia despierta diurna del presente.

8.16   Ahora vamos a considerar otro aspecto. En Antiguo Saturno se preparó el cuerpo físico del hombre. En el Antiguo Sol se le agregó el cuerpo etéreo o vital. Este penetró y transformó al cuerpo físico. El cuerpo etéreo acogió en sí lo que el físico había llegado a ser, y siguió desarrollándolo. En la Antigua Luna se añadió el cuerpo astral, el que a su vez cambió la conformación del cuerpo físico. En Saturno este último había sido muy sencillo. En el Sol ya era mucho más complejo, pues allí influía el cuerpo etéreo sobre el mismo, haciéndolo más complejo. En la Luna se le agregó el cuerpo astral y en la Tierra el YO, para perfeccionarlo aún más todavía. En el período de Saturno cuando aún no había penetrado el cuerpo etéreo en el cuerpo físico, éste no contenía ninguno de los órganos que hoy están en él, pues faltaban la sangre y los nervios, ni tampoco tenía glándulas. El ser humano tenía entonces, si bien solamente los rudimentos respectivos, aquellos órganos que ahora han llegado a ser los más perfectos y que tuvieron el tiempo necesario para llegar a su perfección actual: estos son los órganos sensorios - maravillosamente construidos.

8.17   La estructura maravillosa del ojo humano, el milagroso aparato del oído, son órganos que sólo en nuestro período han alcanzado su perfección, debido a que fueron formados a base de lo extraído de la masa de Antiguo Saturno, y porque sobre ellos han influido, para formarlos, el cuerpo etéreo, el cuerpo astral y el YO. Lo mismo sucedió con la laringe cuyo germen ya existió en Antiguo Saturno, pero el hombre aún no poseía la capacidad de hablar. En la Antigua Luna empezó a lanzar sonidos y gritos inarticulados, pero sólo por el trabajo durante largos tiempos, la laringe llegó a ser el aparato perfecto, como ahora existe en la Tierra. En el Sol, al serle agregado al hombre el cuerpo etéreo, los órganos sensorios se desarrollaron algo más. También se formaron aquellos órganos que principalmente son órganos de secreción y órganos vitales relacionados con la nutrición y el crecimiento, los que tuvieron su primer germen durante el estado solar. Durante el estado lunar influyó adicionalmente el cuerpo astral y después el YO durante el estado terrestre. Eso condujo a que las glándulas, los órganos del crecimiento y otros alcanzasen su madurez actual. Por la incorporación del cuerpo astral durante el estado lunar también se formó el germen del sistema nervioso, quiere decir durante el período en el que el hombre tenía la consciencia de las imágenes. En cambio, lo que le capacitó para expresar su placer y su pena mediante sonidos, desde su interior, el yo, este es el principio que en el hombre generó la sangre.

8.18   Vemos pues que todo el universo es el constructor de los órganos sensorios, y que todo lo que son glándulas, órganos de procreación y nutrición, lo generó el cuerpo vital; vemos que el cuerpo astral es el constructor del sistema nervioso, y que el Yo es el principio que añade la sangre. En el fenómeno de la anemia la sangre llega a un estado en que no es capaz de mantener la consciencia de vigilia. Las personas que lo padecen suelen caer en una consciencia aletargada, similar a la durante el estado lunar.

8.19   Ahora corresponde considerar los tres estados de consciencia que todavía han de seguir, Se puede preguntar: ¿cómo es posible ya saber algo acerca de ello? La iniciación lo hace posible, pues ya en el presente el iniciado es capaz de tener anticipadamente dichos estados de consciencia. El próximo estado de consciencia al que el iniciado ya conoce es el llamado consciencia Imaginativa (o psíquica), una consciencia que reúne los dos estados: la consciencia en imágenes del ensueño y la diurna de vigilia. Mediante esta consciencia psíquica se percibe a la persona como se la ve con la consciencia diurna de vigilia, con sus contornos y formas, pero al mismo tiempo se ve lo que vive en su alma y que se expande como nubes e imágenes en colores en lo que se llama el aura. Pero no es igual al estado ensoñado del ser humano de Antigua Luna, sino dotado de absoluto control de sí mismo, tal como la persona del presente de consciencia diurna. En el estado planetario que sigue a nuestra Tierra toda la humanidad tendrá esta consciencia imaginativa, psíquica, o consciencia anímica, en el estado planetario de Futuro Júpiter.

8.20   Después existe el sexto estado de consciencia (inspirativa), al que el ser humano llegará en un futuro lejano. En este estado se unirá la actual consciencia diurna con lo que el iniciado conoce como consciencia psíquica o imaginativa y, además, todo aquello en que la consciencia del hombre actual no penetra. Cuando viva con esta consciencia, la de la Inspiración, el hombre percibirá con profundidad la naturaleza de los seres. No solamente percibirá las imágenes y formas en sus colores del aura, sino que oirá resonar el ser del prójimo. Cada individualidad humana tendrá su tono y el todo consonará en forma de una sinfonía. Esta será la consciencia del hombre cuando nuestro planeta se habrá transformado en el estado de Futuro Venus, y allí oirá la Armonía de las Esferas, como Goethe la describe en su prólogo al "Fausto":

De manera antigua el Sol resuena

con su canto en esferas fraternales

y su órbita la describe

con paso tronador.

 

8.21   Cuando la Tierra era Sol el hombre percibía en forma inprecisa este resonar, y en el estado de (Futuro) Venus volverá a oírlo “resonar como antiguamente”. Goethe conserva la imagen hasta en el uso de esta palabra.

8.22   Como SÉPTIMO estado de consciencia rige la consciencia Intuitiva o espiritual o universal. En realidad, la del más alto grado, en el que el hombre tendrá la consciencia universal que le permitirá percibir no solamente lo que sucede en su propio planeta, sino lo que acontece en toda la vecindad cósmica; es la consciencia que el ser humano tenía en Antiguo Saturno, la que, por cierto, era muy apagada, no obstante esa especie de consciencia universal. La tendrá al haber llegado a futuro Vulcano, juntamente con todos los demás estados de consciencia.

 

8.23   Los ahora descriptos son los siete estados de consciencia por los cuales el hombre tiene que pasar en su peregrinación por el cosmos, y cada una de las incorporaciones ofrece las condiciones respectivas que posibilitan tales estados de consciencia. La actual consciencia diurna de vigilia sólo se ha hecho posible por el hecho de que en el período lunar se ha creado el germen del sistema nervioso que siguió desarrollándose hasta la formación del cerebro de ahora. Se deben crear semejantes órganos por medio de los cuales los estados superiores de consciencia pueden experimentarse físicamente, lo mismo que ya en el presente el iniciado los experimenta espiritualmente.

 

8.24   En el hecho de que el hombre pueda pasar por los referidos siete estados planetarios, reside el sentido de la evolución. A cada incorporación planetaria corresponde el desarrollo de uno de los siete estados de consciencia humana, y los órganos físicos respectivos se forman por la que sucede en cada estado planetario. En Futuro Júpiter el hombre tendrá un órgano físico más altamente desarrollado. En “Futuro Venus” existirá un órgano mediante el cual podrá desarrollar físicamente la consciencia que en el presente el iniciado tiene en el plano del Devacán. Y en “Vulcano” existirá la consciencia espiritual que en el presente posee el iniciado cuando se encuentra en la región superior del Devacán, en el Mundo de la Razón.

 

8.25   En la próxima conferencia contemplaremos sucesivamente los distintos estados planetarios, pues así como antes, por ejemplo en los períodos atlante y lemuriano, el aspecto de nuestra Tierra era distinto del de ahora y como en el futuro será distinto, así también la Luna, el Sol y Saturno tenían, dentro de su evolución, distintos estados, y en el mismo sentido pasarán por estados diversos, Júpiter y Venus…

 

 

 

Pasajes del libro introductorio “Nociones Básicas de Antroposofía de Rudolf Lanz, Editorial Antroposófica”

 

JERARQUIAS ESPIRITUALES

            No existe religión que no hable de seres elevados que posean inteligencia, conocimientos y poderes superiores a los del hombre. Las divinidades de la mitología hindú, griega y germánica, hablan de esos seres; también en las religiones llamadas “monoteístas” (judaísmo, cristianismo, islamismo) existen Arcángeles, Ángeles, Demonios y Diablos… el cristianismo manteniendo el dogma israelita “dios es Uno” habla al mismo tiempo de Ángeles, Querubines, Serafines y otros seres… ¿Cómo explicar esa multitud de “Dioses”?

            Si admitimos un carácter evolucionista del Cosmos, nada impide imaginar por encima del hombre, seres que posean facultades superiores sin necesitar para su existencia un cuer4po físico. La experiencia suprasensible revela de hecho al vidente la existencia de tales seres y la Antroposofía contiene descripciones detalladas de esas “jerarquías superiores”. Estos seres pertenecen a varios niveles de evolución, cada uno caracterizado por un nuevo grado de consciencia, de facultades y funciones.

            Nuestro espíritu humano es, naturalmente, incapaz de captar totalmente los estados de consciencia de esos seres. A pesar de eso, podemos describirlos en ciertos aspectos. En épocas pasadas, ciertos individuos más evolucionados, tenían la capacidad de “percibir” a esos seres y tener contacto con ellos.

 

            La Antroposofía no pretende innovar en este campo. El esoterismo cristiano de Dionisio Areopagita ya contenía una descripción detallada de los “coros de Ángeles” y el propio Tomás de Aquino repitió esa doctrina transfiriendo su propia sabiduría.

 

            Rudolf Steiner completa los conocimientos tradicionales a ese respecto, con su propia experiencia. Muestra la unión íntima de esos seres y de su actuación en nuestro mundo y sobre el hombre. La “inmanencia” de esas entidades es total. Todo lo que pasa en nuestro mundo es reflejo de la acción e influencia de tales seres. Esto no impide que el hombre en un determinado grado de su desarrollo, consiga liberarse de tales influencias, creando las condiciones para su propio “libre albedrío”.

 

            Los seres superiores están en continua evolución, como el hombre. Actualmente ellos pueden ser agrupados en nueve categorías jerárquicamente. Sin querer entrar en detalles a ese respecto, enumeramos:

 

8 y 9 – Los dos grupos más altos, Serafines y Querubines, escapan a cualquier análisis humano. Son los seres más elevados, todavía accesibles al hombre y constituyen la parte de los impulsos más puros de Amor, Caridad y de la elevación del alma…

 

¿Dónde está Dios en esta jerarquía? ¿En qué consiste la trinidad? El conocimiento humano no puede aspirar a alcanzar esas alturas de la existencia cósmica. Sería temerario hacer afirmaciones al respecto. Intentar describir a “Dios” ya sería una blasfemia, solamente los grandes iniciados, entre ellos R. Steiner, pudieron aproximarse a Él con un balbucear de humildad. Cualquier otra actitud sería presuntuosa y prepotente. La antroposofía no promete revelar “todo”. Ella tiene sus límites y procura ampliar nuestro campo de observación. La Antroposofía es ciencia, no omnisciencia. Esta circunstancia nunca debe ser perdida de vista. Si supiésemos todo de Dios, seríamos…Dios.

    Asimismo, la obra de Steiner contiene profundas revelaciones sobre el Misterio de Dios y de la Trinidad.


 

 

1) ANTIGUO SATURNO

Sería absurdo querer remontar al “comienzo de los comienzos”. La Antroposofía tiene por objeto, el hombre, y así procuraremos descubrir el momento del pasado donde aparece el primer vestigio de hombre.

    Esto nos hará retroceder a un tiempo donde nada, absolutamente de nuestro mundo actual existía. Lo que había eran las entidades de las jerarquías superiores, que no habían alcanzado su grado de evolución actual

    Fue entonces – por un acto que puede apenas ser comparado a un autosacrificio, creado el primer “germen” del cuerpo físico humano – gracias a una emanación de la propia sustancia producida por los Tronos, o espíritus de la voluntad. Ese cuerpo era como una masa aun no individualizada de materia, y siendo esa materia tan sutil que podría recordar apenas a lo que hoy llamamos “calor”. Ya el estado gaseoso, y mucho más, los estados líquido y sólido, eran inconcebibles en ese Cosmos de extrema sutileza.

    “Voluntad bajo forma de calor” es el primer estado de nuestro mundo. Otras jerarquías comenzaron entonces a actuar en ese mundo; bajo su influencia, la masa informe, comenzó a diferenciarse en una infinidad de pequeñas partículas para caracterizar ese estado. Rudolf Steiner emplea la imagen de una gigantesca mora, donde cada pequeña esfera sería un precursor de un cuerpo físico humano natural. Ese precursor de todos “nosotros”, no tenía aun vida propia; su grado de consciencia (si es que podemos hablar de algo similar a la consciencia) era equivalente a las de los actuales minerales.

    En un momento dado, comenzó a existir en ese cuerpo cósmico una especie de vida, reflejo de la actividad ejercida “desde afuera” por ciertas jerarquías; más aun no era vida propia. Después de un prologado lapso (debemos imaginar que esa evolución se desarrolló en periodos de tiempo muy largos), esa esfera de calor comenzó a brillar. Para un espectador “exterior” se le estaría representando como una gran esfera de calor resplandeciente, recorrida por corrientes de calor y dividida en innumerables pequeñas esferas, siendo las precursoras de nuestros cuerpos físicos.

    Ese antiguo estado, especie de primera encarnación cósmica de nuestro sistema solar, recibe en el ocultismo el nombre de Antiguo Saturno.

    Transcurrido un cierto tiempo, ese cosmos se desintegró a un estado puramente espiritual. Esa “noche cósmica”, comparable a una sístole cósmica, es designada por el nombre hindú de “Pralaya”.

 


 

 

2) ANTIGUO SOL

 

Después de un cierto periodo, nació un nuevo universo. Primero se produjo una especie de recapitulación de la época anterior. Se formó nuevamente un cuerpo de calor, y como resultado de la actuación de las jerarquías superiores, los precursores de nuestro cuerpo físico recibieron un cuerpo etérico, y comenzaron la aparición de formas rudimentarias de vida propia. El cuerpo físico paso al estado gaseoso, conservándose sin embargo, el elemento de calor o fuego. En ese estado nosotros teníamos por tanto el grado de evolución de una planta (cuerpo físico y cuerpo etérico), teniendo la sustancialidad de un gas. “Nuestro” grado de consciencia en aquella segunda encarnación de la Tierra, también era el de una planta, esto es, el de un sueño profundo.

    Hubo en el Antiguo Saturno, entes que no llegaron a alcanzar el punto final previsto para la evolución saturnina. Esos seres no pudieron acompañar, en la segunda encarnación, la evolución de los demás, teniendo, al contrario, que recapitular el estado que sus hermanos más avanzados ya habían terminado en el Antiguo Saturno. Había, pues, en el Antiguo Sol (pues ese es el nombre que se da a la segunda encarnación de ese universo), dos reinos: Uno evolucionado, teniendo el grado de desarrollo de una planta y poseyendo un cuerpo físico y un cuerpo etérico; y otro atrasado, que también recorría – por segunda vez -  la existencia equivalente de un mineral, sin cuerpo etérico.

    En determinada época de esta evolución del Antiguo Sol, ciertos espíritus de jerarquías superiores, los cuales no pudieron soportar la densificación progresiva del ambiente, se retiraron del cuerpo del antiguo Sol y constituyeron un cuerpo celeste aparte, repetición del Antiguo Saturno. Había pues dos cuerpos que poseían configuración y características diferentes los cuales se influían mutuamente. Debemos imaginar esos cuerpos penetrados y atravesados por las jerarquías y sus influencias, bajo cuya acción, el precursor del hombre evolucionó, hasta que todo volvió nuevamente a un Pralaya, o noche cósmica. Antes de eso los dos cuerpos se habían reunido nuevamente.

    Conviene aclarar que esos dos estados planetarios no tienen ninguna semejanza con el Saturno y el Sol actuales.


 

 

3) ANTIGUA LUNA

 

Emergiendo del estado puramente espiritual de Pralaya, nuestro Universo inició su tercera fase: la Antigua Luna después de una nueva recapitulación de los estados anteriores, la condensación progreso hasta la inclusión del elemento líquido, dando a la materia más densa la forma de una neblina o gel. Nuevamente las jerarquías más sutiles, no pudiendo acompañar esa densificación, formaron un nuevo cuerpo equivalente al Sol. Originándose desde allí ciertos movimientos rotativos y estados alternados de irradiación.

    Bajo la influencia de determinada jerarquía, “el hombre” pasó a adquirir un precursor de nuestro cuerpo astral, alcanzando un estado semejante al de los animales actuales, con la consciencia de ensueño. Debajo de él había dos reinos: aquellos que en el Antiguo Sol habían recapitulado con éxito la evolución del Antiguo Saturno, habiendo alcanzado ahora el grado de una planta y aquellos que también en el Antiguo Sol no consiguieron progresar y que tenían que recorrer ahora una vez más el estado mineral.

    También entre los seres de las jerarquías superiores había evoluciones anormales. En un momento dado, varios entre ellos se “rebelaron” contra la evolución general, pretendiendo un desenvolvimiento distinto. La interacción de todas esas influencias contribuyó a que el mundo se diversificara aún más: hubo también la formación de otros “planetas”, centros de actuación espiritual de los varios grupos de jerarquías.

    En medio de ese mundo vivía el “hombre”. El cuerpo astral ya le proporcionaba sensaciones, instintos, antipatía y simpatía, pero sin la facultad de libre albedrío y sin el raciocinio, atributos de la plena consciencia que recién nacieron con el Yo. Igualmente – la forma exterior del hombre – como también el aspecto de todo el mundo al derredor, no podían ser comparados a nada del lo que actualmente existe. En el momento de mayor concentración, la Antigua Luna, con los gérmenes de los hombres, no pasaba de una masa húmeda y viscosa con inclusiones gaseosas. En ese mundo, además de los seres de las jerarquías, vivían los hombres – cuyo miembro más elevado era el cuerpo astral – y por debajo de ellos, los que habían quedado atrás constituyendo dos reinos equivalentes a nuestras plantas y minerales.

    Procesos similares a la respiración y circulación ya existían, y los estados de consciencia más o menos aguda se alternaban, de acuerdo con la circunvalación de los “cuerpos” celestes, sedes de las jerarquías en sus varias agrupaciones.

    En el fin de esa evolución, los múltiples cuerpos celestes de reunieron nuevamente. Un tercer periodo de involución, “Pralaya”, hizo volver toda la diversificación a un estado puramente espiritual del cual emergió, como cuarta etapa de nuestra Tierra actual, juntamente con el sistema solar que ella integra.


 

4 a) COMIENZO DE LA EXISTENCIA TERRESTRE

Al emerger del tercer Pralaya, nuestro sistema solar era una formación anímico-espiritual homogénea. Recorridos algunos estados no físicos, la materia surgió primero bajo forma de calor, al cual más tarde se juntaron los elementos gaseoso y líquido.

Separación del sol

Antes de la formación de este último, se verificó un hecho de suma importancia: no pudiendo participar de esa densificación progresiva, seres muy elevados de las jerarquías de los Espíritus de la Forma o Exusiai, se alejaron del resto de la masa gaseosa y dieron origen a un cuerpo separado: nuestro Sol actual. Este era, pues, originalmente la sede espiritual de los Exusiai y su “materia” fue aumentando más tarde sin nunca llegar a la condensación de nuestra Tierra.

    Los Espíritus de la Forma, que antes de esa separación habían actuado desde adentro de la tierra, pasaron a actuar desde afuera. De allí resultarán los estados alternados de mayor o menor, los cuales provocaron movimientos rotatorios, origen de fenómenos comparables a los del día y la noche, y de estados de inconsciencia más o menos clara (vigilia y sueño).

    Después de la separación del sol, el elemento líquido, y más tarde también el sólido, se manifestaron por primera vez, pero todavía en una forma extremadamente sutil. Cuando hablamos a continuación de “endurecimiento” progresivo, debemos recordar que la “dureza” de los objetos más densos, no llegaban cerca de la dureza actual del cristal actual.

   

Separación de planetas

Ese endurecimiento, fruto de la actuación de otros seres espirituales, iba aumentando hasta llegar al peligro de que toda la vida se volviese imposible a las entidades humanas y a los demás, que habían llegado de la Antigua Luna y que existían en la nueva Tierra desde su inicio. Ante tal peligro, esas entidades se retiraron de la Tierra, formando, bajo la tutela de espíritus más elevados, nuevos cuerpos celestes: nuestros planetas Marte, Júpiter y Saturno. Al mismo tiempo, los planetas interiores fueron tomados por seres solares que no pudieron acompañar la evolución de sus compañeros en el Sol y se separaron de este. Todo nuestro sistema planetario tuvo, pues, un origen espiritual.

 



 

ACERCA DE LA EVOLUCION DE LA TIERRA
De la conferencia de Rudolf Steiner del 30 de agosto de 1906, del ciclo En el umbral de la ciencia espiritual, OC 95

1. ¿Cómo se ha desarrollado el humano desde los primeros tiempos hasta el día de hoy? Para responder a esta pregunta, hemos de empezar por recordar, ante todo, lo que hemos explicado sobre la naturaleza esencial del ser humano. El hombre tiene siete miembros constitutivos: el primero, cuerpo físico, es, por decirlo así, el de menor categoría; el cuerpo etéreo ya es algo mis elevado y de una textura mis fina, el cuerpo astrales aún más sutil y elevado; del cuerpo o vehículo del yo apenas existen los rudimentos. Seria equivocado, sin embargo, deducir que el cuerpo más elevado que el ser humano posee ahora sea, a la vez, el más perfecto, y que el cuerpo físico sea el más imperfecto. Exactamente lo opuesto es la verdad el cuerpo físico es la parte mas perfecta de la entidad humana. Desde luego, que, en algún tiempo futuro, los miembros superiores alcanzarán un grado más elevado de perfección, pero, en la actualidad, el cuerpo físico es, a su manera, el más desarrollado, y está construido con incomparable sabiduría. En cierta oportunidad, les describí la estructura del fémur, como ejemplo de esta sabiduría y perfección: cada hueso, con su andamio ingeniosamente ensamblado, hallase tan sabiamente diseñado para realizar el máximo rendimiento con la mínima masa, como ningún ingeniero jamás hubiese podido resolver el problema.

2. Cuanto más penetramos la maravillosa estructura de la figura humana, mis prodigiosa se nos antoja, por ejemplo, la estructura genial del cerebro o del coraz6n. El corazón no comete errores en cambio, sí comete muchos el cuerpo astral: los instintos y pasiones del cuerpo astral acosan al físico y lo subyugan. Si una persona come alimento inadecuado, es porque sigue los impulsos de su cuerpo astral. El corazón físico mantiene en orden la circulación de la sangre; en cambio, el cuerpo astral arremete incesantemente contra el corazón, porque ansía los estímulos que le son dañinos. El café, el té, el alcohol son venenos para el corazón; a menudo, se le administran diariamente, y el corazón resiste: hallase tan sólidamente construido que puede soportar los embates del cuerpo astral por espacio de 70 u 80 años. Así pues, en la jerarquía de los cuerpos, el cuerpo físico, en todos sus detalles, es el más perfecto.

3. Menos perfecto lo es el cuerpo etéreo, y más atrasado todavía en cuanto a su desarrollo, el cuerpo astral: el menos desarrollado de todos es el cuerpo o vehículo del Yo.  El cuerpo físico ha vivido un período de evolución más largo; es la parte más vieja del ser humano. Menos viejo es el cuerpo etéreo, más joven aun el astral, y el más joven de todos, el cuerpo o vehículo del yo.

4. Para entender la evolución de todos ellos, hemos de saber que no solo el hombre atraviesa por encarnaciones sucesivas, sino que la ley de la reencarnación es universal; todos los seres, y todos los planetas, están sujetos a ella. Nuestra Tierra, con todo lo que está en ella, ha pasado por encarnaciones anteriores, de las que, por ahora, nos ocuparemos de tres en particular.


5. Muy diferente era la Tierra antes de convertirse en el planeta que hoy conocemos. En sus albores, era un planeta que, en ciencia oculta, se llama Saturno. Cuatro fueron, en total, las incorporaciones sucesivas de la Tierra: Saturno, Sol, Luna y Tierra. Así como, entre dos encarnaciones del hombre, hay un período kamaloka y otro devacanico, así también hay, entre dos incorporaciones sucesivas de un planeta, un período en que no es visible, ni se manifiesta exteriormente.


6. Este período siempre se ha llamado Pralaya; y el de incorporación, Manvántara. Sin embargo, con los nombres de Saturno, Sol y Luna, no se alude a los cuerpos celestes que hoy se llaman así: lo que se llama Sol, no es nuestro sol actual, estrella fija, en tanto que el Antiguo Sol fue un planeta que, en el curso de sus incorporaciones, logró elevarse, de la sustancialidad y esencialidad propia de un planeta, al rango de estrella fija. Asimismo, la llamada Luna Antigua no es la misma que la luna actual; fue la tercera incorporación de la tierra, y lo propio vale para Saturno, su primera etapa evolutiva.


7. Ya en el Antiguo Saturno, que no brillaba, pero resonaba y hubiera podido oírse con oídos devacánicos, existía el hombre. Después de cierto tiempo, Saturno gradualmente desapareció, permaneció invisible por largo tiempo, y luego volvió a brillar como Antiguo Sol. El Sol, a su vez, atravesó por el mismo proceso, para luego reaparecer como Antigua Luna. Y finalmente, después de la misma secuencia, apareció la Tierra.

8. Pero no hemos de imaginar estos cuatro planetas, Saturno, Sol, Luna y Tierra, como cuatro planetas separados: son cuatro condiciones aparentes de un mismo planeta, auténticas metamorfosis suyas, y todos los seres que le pertenecen, atraviesan con él una metamorfosis. El hombre nunca ha habitado en ningún otro planeta; ha sido la Tierra la que ha existido en cuatro diferentes estados.

9. Cuando la Tierra existía como Antiguo Saturno, apenas había en él los primerísimos gérmenes del reino humano. Lo que hoy es estructura ingeniosa del cuerpo humano, era entonces tan solo leve insinuación; no existían minerales, plantas o animales: el hombre es el primogénito del proceso creador. Pero el hombre en Saturno fue muy diferente del hombre de hoy; predominantemente, fue ser espiritual, que no hubiera sido visible al ojo físico, que, además, ni existía: solo hubiera podido percibirlo un ser dotado de vista
devácanica. Esa hechura humana entonces era como una especie de huevo áurico, dentro del cual había una extraña estructura escamosa, especie de vórtice, en forma de pequeña pera, como si fuera hecha por caracolas de ostras. Saturno estuvo impregnado de esos inicios de estructuras físicas, algo así como exudadas, condensadas de lo espiritual. De estas hechuras, levísimas insinuaciones de lo que iba a ser posteriormente, fue conformándose, en el curso de la evolución, el cuerpo físico. Era el hombre como una especie de mineral primario, todavía sin ningún cuerpo etéreo alrededor; se hallaba, pues, en la etapa del reino mineral; pero sería muy equivocado imaginarlo semejante a nuestro actual reino mineral: en el Antiguo Saturno no había otro reino más que el humano.


10. Así como el hombre atraviesa las varias etapas de su vida, como niño, adolescente, adulto, viejo, así también sucede con el planeta. Antes de que el Antiguo Saturno manifestara las estructuras escamosas depositadas dentro de él, fue estructura astral. Cuando las escamas o copos desaparecen gradualmente, Saturno desanda esas mismas etapas, y se interna en la oscuridad del Pralaya. Semejante metamorfosis de lo espiritual a lo fisico, y luego de regreso otra vez, se llama en literatura teosófica, “ciclo" o "estado de vida". Cada ciclo se articula en siete episodios: arupa, rupa, astral, físico luego de regreso: astral, rupa, arupa. A estos episodios se les puso el nombre de "esferas", son estados de pura forma. Pero no se trata de siete esferas sucesivas, sino del mismo planeta que se transforma, con los seres que en él existen. Saturno pasó por siete ciclos o “estados de vida". En cada uno, se perfeccionó su estructura, y al llegar al séptimo, logra su culminación. En cada ciclo, pasa por siete transformaciones, o “estados de forma”, de modo que Saturno había atravesado 7X 7 = 49 metamorfosis. Estos mismos 49 episodios del Antiguo Saturno, los repitieron después el Sol, la Luna; ahora la tierra, y en el futuro seguirán tres planetas más: Futuro Júpiter, Futuro Venus y Vulcano.

11. He ahí, pues, siete planetas, cada uno pasando por siete veces siete estados que, en escritura oculta, se expresan con la cifra 777. En esa escritura, el 7 como unidad significa esferas; como decena, ciclos y como centena, planetas. Multiplicando las cifras, encontramos que nuestro sistema planetario ha de pasar por 7 x 7 x 7, o sea, 343 transformaciones…


12. El primer estado germinal del hombre se encuentra pues, en Antiguo Saturno, se desarrollándose en aquellos tiempos primordiales. Después, ese Antiguo Saturno se desvaneció en el Pralaya, para reaparecer como Antiguo Sol: y así, reapareciendo también el hombre, antiguo morador del Universo, de la oscuridad del Pralaya. Pero en el intervalo, ese humano primordial había adquirido el poder de segregar algo de sí mismo, como el caracol segrega su habitáculo. Él podía expulsar formas semejantes a valvas, figuras flotantes, y retener las sustancias más finas para evolucionar hacia un nivel más elevado. Así es cómo el hombre proyectó fuera de sí, el reino mineral, pero algo así como minerales vivos. En el Antiguo Sol, el hombre se desenvolvía enriquecido con el cuerpo etéreo, como sucede hoy con las plantas. Así pues, en el Antiguo Sol, el ser humano atravesó su etapa vegetal, y hemos de distinguir, en el Sol, dos reinos: el mineral y el vegetal; este último, el humano. Mas estas formas vegetales fueron muy distintas de las que conocemos hoy día.


13. Quien cala las relaciones más profundas, considerará la planta como un humano invertido, dado vuelta: abajo la raíz; luego, en el ascenso, el tallo, las hojas, los estambres que contienen los órganos reproductivos masculinos, y los pistilos, con órganos femeninos. En ingenua inocencia, la planta ofrenda sus órganos reproductivos al Sol, que es quien estimula su poder productivo. La raíz es, en realidad, la cabeza de la planta, atraída hacia el interior de la Tierra, en tanto que extiende sus órganos reproductivos a los amplios espacios del mundo. El hombre es lo opuesto: su cabeza arriba, y abajo los órganos que la planta extiende hacia el Sol. El animal ocupa una posición intermedia: su cuerpo es horizontal. Si giramos la planta 90 grados, tenemos la posición animal; volteada 180 grados, la del humano.


14. En la antigua ciencia oculta, esto se expresaba con el antiguo símbolo de la cruz, como lo dijo Platón. En el lenguaje de los antiguos misterios: el alma universal hallase fijada en la cruz del cuerpo universal. Esto implica que esa alma está contenida en todo, pero tiene que labrar su camino ascendente a través de tres etapas, recorrer su camino a través de tres etapas, recorrer su camino en la cruz del cuerpo universal.

15. En el Antiguo Sol, el humano, como ente vegetal, era lo inverso del hombre actual: vivía en el Sol e integraba el cuerpo solar, el Sol era un cuerpo de luz compuesto de éter lumínico; el hombre era todavía vegetal, y su cabeza se dirigía hacia el centro solar. Cuando, después, salió el sol de la tierra, la planta humana tuvo que voltearse y permanecer fiel al sol.


16, En su primer ciclo, el Antiguo Sol es simple recapitulación del período saturnal; no fue hasta el segundo, que avanzó el desarrollo del ser humano. Cuando el Sol, a lo largo de los siete ciclos, hubo evolucionado todo lo que podía, desapareció en la oscuridad del pralaya, y, después, reapareció como Antigua Luna.


17. El primer ciclo de la Antigua Luna fue, a su vez, mera recapitulación de la existencia saturnal en forma algo modificada. Tampoco el segundo ciclo lunar, nada trajo de nuevo: recapituló la vida solar. En cambio, en el tercer ciclo, sí se agregó algo nuevo: el hombre, además de sus dos cuerpos anteriores, adquirió el cuerpo astral. En cuanto a su forma exterior, podría compararse a los animales de hoy: tiene tres cuerpos; en realidad, había llegado a la etapa animal. Así como él se había elevado al reino vegetal, al arrojar de sí el mineral, así se elevó en la Luna, al reino animal, desechando el vegetal. En la Antigua Luna, existen, pues, dos reinos además de al que pertenece el hombre. Posteriormente, éste se despoja, una vez más, de una pequeña parte y, separándose de ella, prosigue hacia niveles más elevados.


18. Durante este tercer ciclo lunar, ocurre un evento de importancia a nivel cósmico: el sol y la luna se separan, se forman dos astros. Al comienzo del segundo ciclo lunar, el sol todavía se halla presente sin ningún cambio; luego se observa una pequeña estrangulación en la parte inferior del Sol, y, al consumarse en el tercer ciclo, coexisten los dos cuerpos.


19. El sol retuvo las partes que eran más refinadas, enviando rayos a la luna desde afuera, dándole, así como a todos sus habitantes, lo que ellos necesitaban. He ahí la promoción del sol: ha quedado convertido en estrella fija; ya no se ocupa en forma directa de los tres reinos, y tan solo les imparte lo que puede darles desde afuera. El sol brinda morada a entidades superiores que ahora, despejado al sol de sus partes inferiores,
encuentran en él un ambiente propicio para su desarrollo. En el cuarto ciclo lunar, toda esta actividad llega a mayor perfección; en al quinto, los dos cueros vuelven a fusionarse y desaparecen como uno solo en el Pralaya.

20. La Antigua Luna todavía no tenía reino mineral sólido: era una esfera que, en vez de corteza sólida, tenía algo así como una masa turbosa, viva y creciente interiormente. Esta masa básica viva estaba impregnada de entes leñosos, de los que surgió el reino vegetal de aquel entonces: plantas que, propiamente, eran animales-vegetales. Tenían sensaciones, y habrían experimentado el dolor que les produciría alguna presión. El ser humano en aquel antaño reino animal, no se parecía a los animales de hoy: ocupaba una posición media entre animal y hombre. Sin duda, era superior a los animales de hoy, pues podía llevar a cabo sus impulsos de manera más sistemática; pero se encontraba a un nivel inferior al del humano actual, pues todavía no era capaz de decirse a sí mismo, "yo"; todavía no poseía un cuerpo del yo.


21. Estos tres reinos existían en el cuerpo viviente de la Antigua Luna. Los humanos “lunares” no respiraban como el hombre de hoy: no aspiraban aire, sino fuego. Por medio de este inhalar fuego, se impregnaban de calor; al exhalar, lo despedían y se enfriaban. Lo que, hoy día, el ser humano tiene como calor sanguíneo, el hombre lunar lo poseía a través de la respiración, Muchos de los antiguos pintores clarividentes simbolizaban esto en la imagen del dragón que escupe fuego; sabían, pues, que, en tiempos antiguos, había seres lunares que respiraban fuego.


22. Después de desaparecer en el Pralaya, la Luna reaparece como Tierra. En el primer ciclo terrenal, se repite toda la existencia Saturnal; en el segundo, la Solar; y en el tercero, la Lunar. Durante el tercer ciclo, se repitió también la separación del sol y la luna, pero al declinar este ciclo hacia su final, volvieron a fusionarse.


23. En el centro del cuarto ciclo terrenal, el sol y luna resurgen, una vez más, como un solo cuerpo con toda su fauna de entidades, y ahora es cuando empieza la formación de Tierra propiamente. En ese, momento, tiene lugar un importante evento: el encuentro de la Tierra con el planeta Marte. Estos dos planetas se interpenetran, o sea, la Tierra atraviesa a Marte. En aquel entonces, Marte poseía una substancia de que carecía la Tierra: el hierro. Marte hizo que la Tierra recibiera el hierro en forma vaporosa. Sin este acontecimiento la Tierra hubiera permanecido tal cual era, poseyendo únicamente lo que ya tenía, y el ser humano no se hubiera elevado más allá del reino animal tal como era entonces: hubiera respirado calor, sin nunca adquirir la sangre caliente. Si Marte no hubiera inyectado su hierro en la Tierra, los hombres no poseerían sangre caliente; hay hierro en la sangre. De acuerdo con la Ciencia Oculta, la Tierra está tan en deuda con Marte que a la primera mitad de su evolución terrestre se le dio el nombre Marte.  El planeta Mercurio tiene igual significado en la segunda mitad.  En tiempos antiguos, la Tierra entro en contacto con Mercurio, y continúa asociada con él hasta nuestros días. En consecuencia, en Ciencia Oculta "Marte y Mercurio" es sinónimo de "Tierra".


24. Esta etapa planetaria será seguida por otras tres en el futuro: Futuro Júpiter, Futuro Venus y Vulcano. Estas siete etapas de la Tierra, señaladas por la Ciencia Oculta, se conservan en los nombres de los días de la semana, aunque algo mutados:

Saturno - Saturday (en inglés)

Sol - Sunday (inglés)

Luna - Lunes

Marte - Martes

Mercurio - Miércoles

Júpiter - Jueves

Venus - Viernes



25. Así pues, en los días de la semana, se refleja la enseñanza oculta del tránsito de la Tierra a través de las diversas etapas: es una crónica asombrosa que le permite al hombre recordar y analizar estas verdades una y otra vez.